Plan Diocesano Pastoral

 

La Iglesia que peregrina en la Diócesis de Tabasco, como todo pueblo escogido por Dios, ha caminado por el soplo del Espíritu Santo, así como el pueblo de Israel caminó por el desierto, con duras pruebas, pero con la certeza de que Dios estaba con ellos, ese su pueblo pastoreado por Patriarcas, Jueces y Profetas, así  también esta porción del pueblo de Dios en Tabasco, ha tenido su llamado, su historia, sus pruebas, persecución, pero el Señor no nos ha abandonado, de eso estamos seguros y le envió también buenos y santos pastores, a través de laicos que dieron testimonio de la fe con su propia sangre, valientes Obispos, incansables sacerdotes y religiosas, de este proceso en el que Dios ha estado con nosotros le damos gracias y podemos decir con el salmista: ¡No hay Dios mas grande que nuestros Dios! (Jer. 10, 6)y ¡ha  estado grande con nosotros! (Sal. 126).

  Por la gracia de Dios y la asistencia del Espíritu Divino, se ha trabajado por anunciar la Buena Nueva de distintas formas y diversas maneras, con un Sínodo y Planes Diocesanos para hacer mas vivo y eficaz el Evangelio. Nos hemos dado a la tarea de continuar e implementar el Plan Diocesano que ha sido fruto del esfuerzo conjunto de esta Comunidad Diocesana, después del análisis de la realidad, de la iluminación con la Palabra de Dios, de Magisterio de la Iglesia y de la reflexión y el discernimiento de nuestras Comunidades, acordamos un Objetivo, y que es para nosotros un itinerario, un camino, un programa que suplicamos a Cristo Rey, Señor de Tabasco, nos ilumine y nos sostenga, para poder lograr lo que con su gracia nos proponemos.

  Queremos ser una Iglesia Evangelizada. Deseamos ardientemente un encuentro con Jesucristo muerto y resucitado, así como María Magdalena buscaba a su Señor, nosotros también le buscamos, hacemos nuestras las palabras del salmista: “Como el venado que está junto al arroyo, así mi alma te busca y te desea, Dios mío” (Sal. 42), sólo quien ha tenido la experiencia de tener un encuentro vivo y personal con Jesucristo puede vivir en plenitud la vida de fe. Que podamos exclamar como ella: “Resucitó en verdad, mi amor y mi esperanza” (Jn. 20, 18).

  Una Comunidad Evangelizada, es una Comunidad Viva,  capaz de gastarse y desgastarse por el Reino de Dios, que seamos conscientes que llevamos un tesoro en vasijas de barro y por eso la necesidad de estar atentos a la escucha de la Palabra de su Señor a través de la oración contemplativa que nos fortalece, nos lleva y nos compromete a vivir los deseos de aquella oración que Cristo eleva al Padre: “Que sean uno como Tú, Padre y yo somos uno” (Jn. 17, 21), que se llegue a decir como de los primeros cristianos en Antioquía: “Miren cuanto se aman” (Hch. 4, 32).

  Queremos ser una Iglesia en Comunión, en donde hay un solo rebaño y un solo Pastor, un Pastor bueno que nos invita y nos pide como a todo discípulo suyo: a vivir  la caridad fraterna, revestidos con el manto del perdón, la comprensión y la misericordia. La corrección fraterna como nos invita San Pablo a realizarla es fundamental para crecer humana y espiritualmente. Una Comunidad llena de la presencia de Dios, viva y en Comunión es una Iglesia sierva, como su Madre la Virgen María. El Señor de la Iglesia no vino a ser servido, sino a servir.

  Queremos ser una Iglesia Misionera y Servidora, el mandato de Jesucristo ha de resonar en nuestros oídos y en nuestros corazones: “Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva” (Mc. 16, 15), “Ustedes serán mis testigos en Jerusalén y hasta los últimos rincones de la tierra” (Lc. 24, 47). Queremos ser fieles a lo que nuestro Dios y Señor nos pide y a lo que el Santo Padre Francisco nos invita, Evangelizar en las periferias existenciales y físicas, que seamos una Iglesia en salida, un Iglesia servidora que busca Construir el Reino de Dios. Para ser instrumentos eficaces en las manos del Señor, necesitamos también una buena y sólida preparación. La asamblea pedía una sólida y permanente formación integral de todos los Agentes de Pastoral, de todos los discípulos, apóstoles misioneros de nuestra Diócesis.

Ponemos en las manos de Cristo Rey, Señor de Tabasco y de la Santísima Virgen María, este nuestro trabajo y Plan Diocesano y con la ayuda del Espíritu Santo, le suplicamos que lleve a feliz término esta obra que Él pone en nuestras manos.

Mons. Gerardo de Jesús Rojas López

XIII Obispo de Tabasco

Villahermosa de San Juan Bautista, Tabasco a 22 de marzo de 2016